El guía más fiel

Nunca dejará de sorprenderme la lealtad que pueden llegar a tener los perros hacia las personas. Eran poco más de las 7 de la mañana cuando comenzamos a andar por las desiertas calles de Cabanaconde y varios perros comenzaron a seguirnos. Lo primero que haces es desconfiar pensando que pueden llegar a morderte o que quieren quitarte algo de comida, qué atrevida es la ignorancia…

Pensábamos que una vez que saliéramos del pueblo el perro se daría la vuelta y volvería por sus mismos pasos, pero no fue así… Comenzamos el descenso y el perro seguía a nuestro lado marcando el camino y avisándonos cuando nos cruzábamos con las mulas de carga que hacen esa ruta para transportar víveres entre los distintos pueblos. Cuando llevábamos un rato caminando le di de beber un poco de agua de mi mano, en ese momento supe que ya no se separaría de nosotros en todo el recorrido. Es increible el cariño que te pueden llegar a devolver a cambio de un poquito de agua y una simple caricia.

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La ruta era tan exigente como espectacular, con impresionantes vistas del cañon del Colca y un desnivel de más de 1000 metros hasta bajar a un oasis que nos esperaba y que veiamos pequeñito allá a lo lejos. Veiamos las caras de sufrimiento de la gente que a esas horas ya alcanzaba la cima y nos íbamos haciendo la idea de lo que nos esperaba a nosotros para mediodia, justo cuando mas pega el sol. Teníamos la motivación extra de que allí abajo nos habian contado que había un sitio donde bañarnos, comer y así iniciar el ascenso de vuelta con más energía antes de que cayera la noche. Nos habian dicho que era un poco locura hacer todo el recorrido el mismo día, pero después de la experiencia de la barquita en la selva cualquier reto nos sabe a poco.
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Durante la caminata nuestro guía canino nos iba indicando los mejores puntos con sombra para hacer una parada y beber un poco de agua. De siempre se ha dicho que si quieres saber el rincón más fresquito en un día de calor, deja que se coloque primero el perro y alli lo tienes. El lazo afectivo entre él y nosotros cada vez se iba haciendo mayor, e incluso si uno de nosotros se quedaba rezagado haciendo una foto él lo esperaba con un instinto protector fuera de lo común. Cuando nos cruzábamos con otros senderitas todos pensaban que era nuestro perro, y es que existía tal complicidad que realmente lo parecía. En muchos momentos del dia no podia evitar acordarme de la increible historia de Hachiko, un perro japonés que seguía esperando a su dueño en la estación incluso años después de su muerte…

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Tras casi 10km de escarpadas bajadas en forma de zig-zag siguiendo las flechas por fin llegamos a Sangalle, un verdadero oasis en mitad del valle donde nos esperaba un merecido descanso. Allí aprovechamos para darnos un baño mientras nuestro perro nos esperaba ansioso al borde de la piscina a punto de lanzarse al agua sin querer separarse de nosotros ni un metro. 

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La vuelta fue algo mas dura pero la vitalidad de nuestro perro nos contagiaba a seguir caminando ladera arriba con mas ganas si cabe. Tras más de tres horas por fin alcanzamos la cima, habíamos comenzado la ruta unidos y la terminamos los cuatro unidos. Una sensacion de satisfaccion indescriptible. 

Ya en el albergue, y después de una duchita que nos supo a gloria, era el momento de disfrutar del atardecer desde la azotea del albergue y brindar todos juntos con unas cervezas Cuzqueñas bien fresquitas. Tengo que reconocer que cada vez que veo esta foto, echo de menos ver también la patita del perro sujetando una de esas cervezas. Al fin y al cabo fue uno mas en la familia durante ese dia e hizo de nuestro trekking una experiencia inolvidable…

 

 

 

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Los bicivoladores

La primera impresión de Arequipa fue la de una ciudad muy próspera, limpia y cuidada. El free tour a pie que hicimos por el centro y lo rica que está allí la comida nos hizo terminar de enamorarnos de esta pequeña ciudad. La guía que nos enseñó el centro histórico, una chica arequipeña encantadora hasta rabiar, nos contó todos los entresijos y anécdotas que rodean este mágico lugar terminando el recorrido con la degustacion de pisco sour, una bebida tipica peruana a base de clara de huevo, limón, canela y uva.

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Una vez instalados en Arequipa queríamos realizar alguna actividad que incluyera también altitud para aclimatarnos, y de todas las actividades elegimos tirarnos en mountain bike desde las faldas de un volcán a 4400 metros. Nuestro guía nos dijo que la bajada podría costarnos entre 2 y 3 horas “según cómo manejaramos”, y en poco más de una hora estábamos abajo. La pista de tierra estaba en buen estado salvo algunas curvas donde se acumulaba la arena y habia que ir con cuidado para no perder el control de la bici. Hicimos toda la bajada bajo la atenta mirada del majestuoso volcán Misti, con alguna paradita para reponer fuerzas y sacar algunas fotos para inmortalizar el momento.

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Conforme cogíamos confianza con la bici nos iba entrando el espíritu de los bicivoladores. Habia mucho trafico de bajada de camiones que transportaban sal hacia la ciudad y teníamos que ir adelantandolos como auténticos kamikazes entre la polvareda. Una vez abajo de las faldas del volcán nos habíamos convertido en dos siluetas marrones, llevábamos polvo hasta en el carnet de identidad.

 

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Buggy buggy

Qué tendrán los vehículos a motor que nos hacen quemar tanta adrenalina. Si a esto le sumas el hecho de ir pegando saltos por las dunas de un desierto, la cosa se pone todavía más emocionante. En el desierto de Huacachina los buggies son los reyes, surcan la arena serpenteando a toda velocidad para el disfrute de sus pasajeros. Es la montaña rusa sin railes más emocionante en la que me he subido en toda mi vida, con la diferencia de que nunca sabías hacia donde iba a ser el siguiente loop. Se escuchaban los gritos de los pasajeros de otros buggies desde la otra punta del desierto, una locura. Estos bichos pueden llegar a alcanzar hasta 120km/h y tienen una estabilidad impresionante, suben por auténticas paredes de arena sin inmutarse.

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También hicimos sandboarding, que consiste en tirarse con una tabla de snow por una ladera bien empinada. Al principio da un poco de miedo porque te tienes que tirar tumbado con la cabeza hacia delante en la tabla y no sabes muy bien cuánta velocidad puede coger aquello porque la bajada es todo en línea recta. Primero el chófer nos llevó a bajaditas fáciles para que nos fuéramos familiarizando y luego ya a dunas bastante imponentes. Colocas las piernas abiertas en el aire en forma de V… y allá que vas ladera abajo a todo lo que da la tabla.

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Nos íbamos tirando de uno en uno con un buen empujón del guía y cada vez nos veníamos más arriba con la bajada hasta coger unas velocidades impresionantes. Jugamos a ver quien hacía “new record” con los surcos que íbamos dejando en la arena, incluso intentando desafiar las leyes de la física y la aerodinámica como auténticos hombres bala.

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Después de habernos quedado sin adrenalina, tocaba momento para el relax y disfrutar de un precioso atardecer…

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Comienza la aventura

Muchas veces cuando queremos hacer énfasis sobre algo repetimos la misma palabra dos veces. Podemos habernos ido de vacaciones o, esta vez sí, haber cogido unas vacaciones vacaciones. Y lo de los viernes después de una dura semana de trabajo no es una siesta normalita, es una siesta siesta. Pues en la selva amazónica es donde ha comenzado la aventura aventura.

Nada más aterrizar en Iquitos nos estaba esperando nuestro guía en el aeropuerto, entre la multitud de taxistas que nos abordaban para subir en su motocarro. En esta ciudad apenas hay coches y el medio de transporte más utilizado es el motocarro. Al subirnos al nuestro es cuando comenzamos a vivir el caos ordenado del tráfico, parece que todos se vayan a chocar con todos pero al final el carril lo ocupa ordenadamente el vehículo más grande y no el que haya puesto el intermitente primero. Después de dar una vuelta por la ciudad nos recogió el taxista que nos llevaría a Nauta, donde ya sí embarcaríamos río arriba en busca de nuestra aventura. El trayecto fue de lo más divertido, llevábamos al lado a una mujer y su bebé que se bajarían a mitad de camino y de copiloto creo que iba un amigo del taxista que no abrió la boca en todo el trayecto. La cosa es que aquí un taxi no comienza a andar hasta que no están todos los asientos ocupados, como para unas prisas…  Cuando cogimos carretera yo veía que nuestro conductor pitaba a todo el mundo, al principio pensaba que era puro enfado por las prisas pero luego me di cuenta que es la forma de conducir, le pegas un pitorrazo y esa es la señal de que vas a adelantarle. Nos sorprendió también el estado de la carretera, tenía el asfalto más fino que una pista de despegue de un aeropuerto internacional.
Una vez en Nauta nos esperaba Elías, quien nos llevó a comer un pescado típico de la zona llamado paiche que puede llegar a pesar más de 200 kilos. Es uno de los pescados más sabrosos que he probado y tiene una textura más similar a la de la carne con su tocinito y su piel crujiente. Después de comer nos enseñó el pueblo y vimos las casas de madera construidas sobre el río, pudimos ver cómo estaban preparándoles  un altillo de medio metro porque el año pasado llegaron a inundarse. Tras dar un paseo por el pueblo nos acercamos al puerto, donde nos estaba esperando la barca con la que habríamos de remontar el río Amazonas hasta llegar al punto de entrada de la Reserva Nacional Pacaya-Samiria.

 

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Lo que se preveía como un largo viaje en barca acabó siendo la más grande de nuestras pesadillas. La barca era de madera como las que hay en el retiro para dar un paseo, descubierta y con un tablón como asiento. Salimos por la mañana después de desayunar y llegamos al día siguiente a mediodía, asados de calor durante el día, muertos de frío durante la noche y también para acompañar nos cayó un buen chaparrón a mitad de camino. Cuando el cansancio físico y mental llega a ese nivel, la mente mezcla visiones reales con imágenes que duran segundos hasta que vuelves a espabilarte. Sólo me faltaba ver como un tigre saltaba en nuestra canoa para pensar que todo aquello era el decorado de la segunda parte de la película “La vida de Pi”… Tras más de 29 interminables horas de travesía en la barca por fin llegamos al poblado indígena de Bretaña, donde nos espera Job y su familia. Suerte que durante el camino llevábamos un sistema GPS de última generación, se llamaba René y tenía 74 años. Con un simple gesto con el brazo nos indicaba el camino a seguir en cada bifurcación, así como evitar chocar con troncos que flotaban.

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Una vez en el pleno corazón de la selva comenzamos a disfrutar realmente de la experiencia, sentíamos la libertad de acampar allá donde nos pillara la noche, comimos pirañas que previamente habíamos pescado, jugamos a ser Tarzán saltando por las lianas, hicimos enfadar a una familia de nutrias y tantas otras cosas. Nos han enseñado también como la selva es una inmensa farmacia donde podemos encontrar remedios para cualquier cosa, además fue la pionera en ser la primera farmacia abierta 24 horas.

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Hemos sentido la inmensidad de la selva amaźónica y hemos podido comprobar lo feliz que vive aquí la gente a pesar de tener muy pocas comodidades. El tiempo va a otro ritmo y todo el mundo muestra su mejor sonrisa, nos hicieron sentir uno más en su familia.

 

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El recorrido

snap-2016-07-01-at-09-44-33Uno cuando sueña, ya que se pone, sueña a lo grande. Un día hace muchos años pensé cuáles eran esos sitios que me gustaría ver al menos una vez en la vida. Son lugares tan lejanos y exóticos que cuesta a veces encontrar el momento perfecto para visitarlos, así que pensé, ¿y por qué no visitarlos todos de una sola vez? Lo primero que hice fue marcarlos sobre un mapamundi y jugar a unir los puntos, como los dibujos para niños que al seguir la numeración al final forman una figura. El siguiente paso fue estudiar todas las opciones que existían para poder trazar una ruta sin dejarme nada, y así poco a poco conectando ciudades con el simulador e imaginando como serían las conexiones por tierra. Existen múltiples rutas, tantas como personas hay en este mundo. He visto muchísimos ejemplos de rutas, algunas de ellas me han servido como inspiración pero al final cada una de ellas es única y es justamente esto lo que la hace tan especial para uno mismo.

Durante todo este tiempo viviremos muchas aventuras y visitaremos lugares que jamás habríamos imaginado. La ruta comenzará fuerte, adentrándonos en el corazón de la selva amazónica peruana. Seguiremos bajando hacia el sur de Perú visitando lugares como Machu Picchu y el Valle Sagrado. Cruzaremos a Bolivia por el Lago Titicaca y nos adentraremos en la inmensidad del Salar de Uyuni. Conoceremos la zona del desierto de Atacama y el valle de La Luna para más tarde cruzar de nuevo a Argentina y montarnos en el tren a las nubes de Sucre. Seguiremos hacia el este para visitar las cataratas de Iguazú, y más tarde pasaremos unos días en Buenos Aires donde aprenderemos nuestros primeros pasos de tango. De ahí un avión al sur del pais para admirar el Perito Moreno y hacer trekking en el parque nacional de Las Torres del Paine y las impresionantes montañas de El Chaltén. Visitaremos Santiago de Chile y de ahí salto a Nueva Zelanda, donde alquilaremos una caravana e iremos en busca de hobbits. Nos adentraremos en Australia hasta el mismísimo Uluru y haremos buceo en la gran barrera de coral donde esperamos encontrar al pez Nemo. Nuestra próxima parada será Singapur, desde donde cruzaremos a Kuala Lumpur para dejarnos impresionar por las Torres Petronas. En Tailandia nos bañaremos en playas espectaculares como la de la pelicula “La Playa” y podremos relajarnos con sus famosos masajes. Cruzaremos a Camboya para visitar Angkor Wat y desde allí daremos el salto a Hong Kong, donde disfrutaremos de las espectaculares vistas de la bahía. Uno de los platos fuertes lo dejaremos para el final, y será contemplar la majestuosidad del Taj Mahal en Agra. Ultimos días en Londres para volver al mundo real, y de vuelta a casa.

Los vuelos previstos hasta el momento son:

Madrid – Lima (10-Octubre-2016)

Buenos Aires -El Calafate (9-Diciembre-2016)

Punta Arenas – Santiago de Chile (26-Diciembre-2016)

Santiago de Chile – Auckland (29-Diciembre-2016)

Auckland – Sydney (28-Enero-2017)

Melbourne – Alice Springs (9-Febrero-2017)

Alice Springs – Brisbane (12-Febrero-2017)

Brisbane – Singapur (26-Febrero-2017)

Siem Reap – Hong Kong (20-Marzo-2017)

Hong Kong – Delhi (23-Marzo-2017)

Delhi – Londres (14-Abril-2017)

Londres – Madrid (17-Abril-2017)

En total unos 6-7 meses durante los cuáles cada día será una aventura en la que la palabra rutina no cabe en el diccionario. Una caja de sorpresas diaria en la que espero que me estén esperando experiencias que no olvidaré en la vida.

¡Comienza la aventura!

 

Un sueño hecho realidad

Siempre he pensado que un viaje realmente comienza cuando tras ese momento de intriga aparece en la pantalla del ordenador esa combinación mágica de números y letras con el código de la reserva. Me gusta imaginar que en esos segundos de espera los duendes informáticos se van pasando unos a otros el recado de dónde y cuándo quieres viajar, y cuando ya han gestionado todo el papeleo te mandan al emisario con mejor sonrisa junto con el mensaje encriptado que dice V454V0L4R.

Un viaje se disfruta tres veces: mientras se sueña, mientras se vive y finalmente mientras se recuerda. Visto así son ya muchos los años que llevo disfrutando de este viaje, pero realmente es ahora cuando veo que esto va en serio. Me miro los hombros todavía con los agujeritos de las vacunas (más de diez dosis en total), reviso toda la documentación que he ido preparando durante estos últimos meses, preparo la ropa que me quiero llevar… y ahora sí, me paso todo el día pensando en el viaje.

Llevo unos días en Cheste preparando todo para el viaje, y a pesar de haber hecho mil maletas no sabes lo que significa preparar la de un viaje así hasta que no lo vives. Son tantos meses y tantas situaciones y climas distintos a los que te vas a exponer, que siempre crees que te va a faltar algo. Cuando me pasa eso siempre me viene a la mente una frase que me dijo una vez un gran amigo y que se me quedó grabada: para viajar a cualquier lado del mundo sólo has de echar dos cosas, la tarjeta de crédito y el pasaporte. Además, siempre existirá la opción de comprar las cosas según las vaya necesitando en cada sitio. Donde llueva siempre habrá una persona vendiendo paraguas, si hace frío tendrás alguien que te ofrezca un gorro de lana y allí donde haga calor habrá un puesto de refrescos bien fresquitos… Supongo que esto debe de ser como los preparativos de una boda, aunque sabes la fecha con muchos meses de antelación los últimos días siempre vienen el estrés y las prisas. Aun me faltan unas cuantas cosas por comprar y pronto vendrá la prueba de fuego, cruzaré los dedos y empezaré a jugar al tetris dentro de mi mochila. Muchas veces paso por la habitación, me quedo mirando todas las cosas que tengo extendidas en la cama y pienso, ¿de verdad va a caber todo esto en esa mochila tan pequeña?

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