Comienza la aventura

Muchas veces cuando queremos hacer énfasis sobre algo repetimos la misma palabra dos veces. Podemos habernos ido de vacaciones o, esta vez sí, haber cogido unas vacaciones vacaciones. Y lo de los viernes después de una dura semana de trabajo no es una siesta normalita, es una siesta siesta. Pues en la selva amazónica es donde ha comenzado la aventura aventura.

Nada más aterrizar en Iquitos nos estaba esperando nuestro guía en el aeropuerto, entre la multitud de taxistas que nos abordaban para subir en su motocarro. En esta ciudad apenas hay coches y el medio de transporte más utilizado es el motocarro. Al subirnos al nuestro es cuando comenzamos a vivir el caos ordenado del tráfico, parece que todos se vayan a chocar con todos pero al final el carril lo ocupa ordenadamente el vehículo más grande y no el que haya puesto el intermitente primero. Después de dar una vuelta por la ciudad nos recogió el taxista que nos llevaría a Nauta, donde ya sí embarcaríamos río arriba en busca de nuestra aventura. El trayecto fue de lo más divertido, llevábamos al lado a una mujer y su bebé que se bajarían a mitad de camino y de copiloto creo que iba un amigo del taxista que no abrió la boca en todo el trayecto. La cosa es que aquí un taxi no comienza a andar hasta que no están todos los asientos ocupados, como para unas prisas…  Cuando cogimos carretera yo veía que nuestro conductor pitaba a todo el mundo, al principio pensaba que era puro enfado por las prisas pero luego me di cuenta que es la forma de conducir, le pegas un pitorrazo y esa es la señal de que vas a adelantarle. Nos sorprendió también el estado de la carretera, tenía el asfalto más fino que una pista de despegue de un aeropuerto internacional.
Una vez en Nauta nos esperaba Elías, quien nos llevó a comer un pescado típico de la zona llamado paiche que puede llegar a pesar más de 200 kilos. Es uno de los pescados más sabrosos que he probado y tiene una textura más similar a la de la carne con su tocinito y su piel crujiente. Después de comer nos enseñó el pueblo y vimos las casas de madera construidas sobre el río, pudimos ver cómo estaban preparándoles  un altillo de medio metro porque el año pasado llegaron a inundarse. Tras dar un paseo por el pueblo nos acercamos al puerto, donde nos estaba esperando la barca con la que habríamos de remontar el río Amazonas hasta llegar al punto de entrada de la Reserva Nacional Pacaya-Samiria.

 

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Lo que se preveía como un largo viaje en barca acabó siendo la más grande de nuestras pesadillas. La barca era de madera como las que hay en el retiro para dar un paseo, descubierta y con un tablón como asiento. Salimos por la mañana después de desayunar y llegamos al día siguiente a mediodía, asados de calor durante el día, muertos de frío durante la noche y también para acompañar nos cayó un buen chaparrón a mitad de camino. Cuando el cansancio físico y mental llega a ese nivel, la mente mezcla visiones reales con imágenes que duran segundos hasta que vuelves a espabilarte. Sólo me faltaba ver como un tigre saltaba en nuestra canoa para pensar que todo aquello era el decorado de la segunda parte de la película “La vida de Pi”… Tras más de 29 interminables horas de travesía en la barca por fin llegamos al poblado indígena de Bretaña, donde nos espera Job y su familia. Suerte que durante el camino llevábamos un sistema GPS de última generación, se llamaba René y tenía 74 años. Con un simple gesto con el brazo nos indicaba el camino a seguir en cada bifurcación, así como evitar chocar con troncos que flotaban.

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Una vez en el pleno corazón de la selva comenzamos a disfrutar realmente de la experiencia, sentíamos la libertad de acampar allá donde nos pillara la noche, comimos pirañas que previamente habíamos pescado, jugamos a ser Tarzán saltando por las lianas, hicimos enfadar a una familia de nutrias y tantas otras cosas. Nos han enseñado también como la selva es una inmensa farmacia donde podemos encontrar remedios para cualquier cosa, además fue la pionera en ser la primera farmacia abierta 24 horas.

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Hemos sentido la inmensidad de la selva amaźónica y hemos podido comprobar lo feliz que vive aquí la gente a pesar de tener muy pocas comodidades. El tiempo va a otro ritmo y todo el mundo muestra su mejor sonrisa, nos hicieron sentir uno más en su familia.

 

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2 comentarios en “Comienza la aventura

  1. Menuda aventura ! Y 29 horas de pesadilla ,puedo imaginarme algunos momentos de angustia que seguro no se acercan a la realidad que has vivido, pero al final seguro que pasado ese “rato” la experiencia siguiente te hace incluso hasta saborear mejor las cosas y los ratos amargos los recuerdas con una sonrisa .Queninmenso es el mundo y cuantas cosas ni imaginamos que podrían existir, que grandioso verdad ?!

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