Y el Paine apareció

Había escuchado muchas veces hablar sobre la fiereza del viento patagónico, pero no es hasta que no te adentras en la verdadera patagonia cuando entiendes realmente el porqué. Enormes extensiones de estepa sacudidas continuamente por estos fuertes vientos que marcan la fisionomía de estos territorios. Es tal la intensidad que la vegetación no puede crecer en vertical, quedando en una posición casi horizontal paralela al suelo. Estos arboles que crecen con esta morfología son conocidos como árboles bandera y son realmente llamativos.

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Aquí no hacen falta las veletas, ya están los árboles casi petrificados indicando hacia donde soplará hoy el viento. Hay parajes totalmente devastados, llenos de árboles arrancados de cuajo y trozos de troncos repartidos por el suelo como si se tratara del campo de batalla de una guerra de árboles contra árboles.

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El viento aquí forma parte del día a día de la vida de las personas, y tanto es así que en Puerto Natales incluso hay un monumento dedicado a este fenómeno meteorológico. La verdad es que el artista no pudo ser más expresivo cuando lo creó…

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Una vez instalados en el hostel fuimos a preguntar por la disponibilidad para hacer el famoso trekking de las torres del Paine conocido como “circuito W” (el recorrido visto desde el aire recuerda a esta letra del alfabeto). Después de recorrernos todas las agencias, en una de ellas nos dijeron que estaba todo reservado desde hacia semanas y que sólo les quedaba en uno de los campamentos un sitio que le habían cancelado de última hora donde poder montar una tienda para tres personas. Cuando escuchamos esto nuestros ojos hicieron chiribitas y reservamos sin pensarlo. ¿El único problema?, quedaban apenas dos horas para la salida de nuestro autobús y no teníamos nada preparado, ni mochila, ni la tienda alquilada, ni comida… nada. Al ver que se nos comía el tiempo no nos quedó otra que dividirnos para multiplicarnos; uno fue a la estación a por el billete, otro hizo la comida, otro a alquilar la tienda y llegamos al bus casi cuando estaba cerrando la puerta con el motor en marcha para irse. Lo mejor fue cuando fuimos a alquilar la tienda de campaña. El chico que nos atendió nos dijo que teníamos que revisarla entera para comprobar que no tenía ningún daño, y estábamos nosotros con todo el tiempo del mundo como para revisiones… Con toda la prisa que teníamos y él explicándonos todo el proceso con la mayor parsimonia del mundo. Y lo mejor estaba por llegar, nos dijo que teníamos que demostrarle allí mismo que sabíamos empezar a montarla, y así él se aseguraba de que se la devolveríamos de una sola pieza porque según nos contaba mucha gente al no saber montarlas las agujerea. Imagínate a nosotros con toda la tienda extendida en el suelo  y mirándonos el uno al otro sin saber por dónde había que meter ni la primera varilla… le convencimos diciendo que la experta en montar tiendas era nuestra amiga y que no se preocupara y salimos pintando con la bolsa de la tienda a cuestas.

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Ya más tranquilos después de todo el estrés pasado por la mañana llegamos a la entrada del parque nacional. Hacer trekking en este parque nacional requiere de una logística previa importante, ademas de reservar con meses de antelación tienes 3 horas de bus hasta llegar a la entrada del parque donde otro bus te acerca  a un punto donde coges un catamarán que ya te acerca al inicio de la ruta, y eso has de hacerlo con tiempo para que no te den las mil porque en algunos senderos cierran a una hora concreta y te impiden el paso. La primera impresión del camping fue muy buena, con una disposición de tiendas muy original montadas sobre tablados de madera.

 

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En el pack que habíamos comprado teníamos la cena incluida, y llegamos con dos o tres horas de antelación para montar la tienda… ¿nos daría tiempo a llegar a cenar? Al volver a desembolsar la tienda nos enfrentamos con la cruda realidad, no sabíamos montarla. Nos habíamos malacostumbrado toda la vida a las tiendas del Decathlon que se montan solas en 2 segundos tirándolas al aire y esto para nosotros resultaba un complicado rompecabezas. Después de meter las varillas por todos los orificios posibles y reírnos lo que no está escrito, conseguimos al final que aquello fuera tomando poco a poco forma de tienda de campaña, ya teníamos sitio donde pasar la noche. Celebramos el haber conseguido montar la tienda como si hubiéramos marcado el gol decisivo en la final del mundial.

 

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Tras una noche intensa de lluvia con una humedad en el interior de la tienda que te hacia hasta tiritar, comenzamos el camino hasta la base de las Torres del Paine, desde donde se tienen las mejores vistas de la montaña emblema de este parque nacional. Volvimos a tener suerte con la meteorología porque para ese momento la lluvia ya había amainado, aunque seguía muy nublado y nos iba haciendo perder las esperanzas de poder ver algo.

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Al alcanzar el campo base las nubes fueron disipándose, y finalmente … el Paine apareció. Su tres majestuosas torres afiliadas de granito se empezaban a ver tímidamente en el horizonte dan forma a un paisaje de postal.

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Este circuito de montaña es famoso mundialmente y los refugios se convierten en un encuentro multicultural que hace muy amena y enriquecedera la estancia allí. En muchos lugares hay carteles en varios idiomas del mundo y en otros directamente hay señales tan claras que no hace falta ni utilizar ningún abecedario…

 

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El siguiente día lo aprovechamos para hacer un tour de día completo, pero saliéndonos un poco fuera de los estándares de las agencias de turismo. El chico del hostel nos habló de un hombre de confianza que podía llevarnos en su coche y pasar el día entero con nosotros recorriendo los puntos principales del parque. De esta manera podíamos disfrutar de cada lugar sin prisas y con la flexibilidad que nunca te puede dar un tour al uso…

Amaneció lloviendo tanto que parecía que iba a aparecer en algún momento el Arca de Noe, y en el desayuno casi pensábamos que tendríamos que cancelar la excursión. Pero aquí el tiempo es tan cambiante que desconcierta, y poco a poco a empezó a despejarse. Me recordó a una camiseta que vi una vez en Islandia que decía “si no te gusta el tiempo, sólo tienes que esperar cinco minutos”. Comenzamos el trayecto acercándonos al parque con las Torres totalmente tapadas por las nubes, suerte que el día anterior pudimos verlas porque con lo loco que esta aquí el tiempo es una auténtica lotería.

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Seguimos avanzando por dentro del parque conociendo lugares tan increíbles como el lago Pehoé, donde existe un hotel en el medio del lago con unas vistas del entorno y emplazamiento únicos.

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Vimos tambien pequeñas cascadas, y digo pequeñas porque después de Iguazú cualquier caída de agua nos parece como si alguien se hubiera dejado un grifo abierto y saliera un hilillo.

 

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Para la hora de la comida el día ya era espléndido, y encontramos un sitio al lado del lago con unas vistas al lago y a los cuernos del Paine donde poder comer y pasar una agradable sobremesa.

 

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Por si le faltaba incertidumbre al día, a la vuelta pinchamos en uno de los caminos de ripio (así llaman a los camino de grava). Nos pusimos a cambiarla y la boca de la llave comenzó a ceder de tal manera que era imposible desatornillarlos, nos acabábamos de quedar oficialmente tirados en mitad de la nada. Justo en ese momento, y como caído del cielo, se paró un coche justo detrás nuestro y el conductor nos dijo que tenía llave, inflador y cualquier cosa que nos hiciera falta.

 

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En un abrir y cerrar de ojos la rueda estaba cambiada, he visto paradas en boxes de Formula 1 que han tardado más que este señor… se sacudió un poco las manos, se volvió a subir en su coche como si nada y se fue. Nos quedamos tan boquiabiertos que no sabíamos como agradecerle el gran favor que nos acababa de hacer.

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Me llamó también la atención un paisaje que vi este día, y que bauticé como el paisaje de los indecisos. Para aquellos que ante unos días libres de vacaciones se hacen aquella pregunta típica de playa o montaña, aquí puedes tener todo en un solo golpe de vista. Eso sí, el agua un poco fresquita sí que estaba con los icebergs que se desprenden del glaciar…

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Por cierto, estamos totalmente enganchados a estas galletas de chocolate. Las conocimos en Perú y no hemos dejado de buscarlas desde entonces por todos los supermercados que vamos. Nos dijeron que cuando salieron aquí en sudamérica se terminó el stock durante varios meses… Por favor, que alguien venga a rescatarnos.

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