Amo Sudamérica

Lo puedo decir más alto, pero no más claro. Tras haber pasado los últimos tres meses de vida en este continente sólo me salen palabras de agradecimiento, y mientras espero en el aeropuerto a subirme a un avión que me llevará al otro lado del mundo una pregunta ronda por mi cabeza … ¿por qué no vine antes?

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El día que comencé esta aventura mientras merodeaba por los pasillos del aeropuerto de Barajas con las mochilas cargadas de ilusión me encontré este cartel premonitorio de lo que luego se iba a convertir en una realidad, y es el hecho de que quedaré ligado emocionalmente a este lugar para siempre.

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Aquí he probado los mejores zumos naturales de mi vida, es el lugar donde la fruta todavía huele y sabe a fruta. El progreso de los países supuestamente desarrollados le ha quitado el sabor a los alimentos en aras de una mayor productividad y rentabilidad, y resulta una odisea encontrar auténtica fruta. Fue una forma de volver a mi infancia, donde recuerdo como si fuera hoy la intensidad del sabor de un melocotón en mi boca. He tenido la oportunidad de saborear frutas que ni sabía que existían y he rebautizado con otros nombres a las que me eran más familiares (es curioso que casi ninguna se llama igual que en España).

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La naturaleza aquí aúna espectacularidad y diversidad a partes iguales. Desde el lugar más árido del mundo en Atacama hasta el sitio donde se fabrica el agua, las cataratas de Iguazú. Paisajes tan tan bellos que han llegado a emocionarme, y donde pude mirar a los ojos a la montaña más bonita del mundo, el Fitz Roy. Uno se siente pequeño ante la inmensidad que cobran aquí los fenómenos naturales, y compruebas de primera mano la conexión mística que existe entre las personas y la Pachamama, el lugar de donde venimos y del que nunca debiéramos alejarnos mucho. Culturas milenarias que han dejado su huella a lo largo y ancho del continente, con construcciones tan increíbles como Machu Picchu y su camino inca, que todavía a día de hoy parece de otro mundo que el ser humano pueda haber construido aquella ciudadela en ese lugar tan inaccesible y escarpado.

Aquí también aprendí que se puede ser muy feliz teniendo muy poco, como la semana que viví en la selva amazónica en casas hechas de madera sin luz ni agua corriente. A pesar de ello todo el mundo allí vive con una eterna sonrisa en la boca y la palabra estrés todavía no está registrada en el diccionario. Allí compartí juegos y confidencias con los niños más felices que he conocido jamás, y recuerdo con especial cariño lo emocionante que fue mi primera ducha de agua congelada con la ayuda de un pequeño barreño después de varios días sin acceso a agua.

 

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Un viaje de este tipo donde cada día es una auténtica aventura ayuda a magnificar los sentimientos hasta límites inimaginables para mi hasta ahora. Aquí he reído hasta el dolor de tripa, he llorado y un día me cabree hasta perder los nervios (sí, has leído bien). También quedará grabado para siempre en mi recuerdo que aquí he vivido una de las experiencias más al límite tanto física como mentalmente por la que he pasado en mi vida, cuando durante día y medio sin cesar estuvimos remontando el río Amazonas a bordo de una pequeña barca de madera con la desesperación de no saber si íbamos a llegar nunca.

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El transporte por excelencia para moverse por aquí es el autobús, y después de haber recorrido miles y miles de kilómetros en viajes de hasta más de 24 horas seguidas por fin descubrimos los mejores asientos… ¡justo en el último viaje que hicimos por carretera! Te puedes reclinar hacia atrás todo lo que puedas porque no hay ninguna fila detrás, estirar las piernas al máximo sin tocar el final (y yo no soy pequeño precisamente) y tienes unas vistas panorámicas de la carretera que parece que estés jugando a un juego de coches en una videoconsola 3D.

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¿Y qué decir de su gente? Aquí el destino ha sido muy generoso conmigo y me ha puesto en el camino personas que no olvidaré jamás, y que ya se han reservado una parcelita de mi corazón para siempre. Su forma de hablar tan dulce cautiva desde la primera palabra y nunca deja de sorprender su condición inherente de intentar ayudarte siempre. Es el lugar donde volvería una y otra vez con los ojos cerrados…

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El Valparaíso de los graffitis

A poco más de una hora en bus desde Santiago se encuentra Valparaíso, una bonita ciudad costera situada al oeste de la capital chilena. Conforme te adentras en la ciudad camino a la estación de autobuses sientes que aquel sitio tiene un toque distinto, se nota frescura y alegría en el ambiente que se respira desde el primer minuto. Es como haber viajado en el tiempo y haber aterrizado de repente en las calles de La Habana.

Lo primero que llama la atención es su famoso trolebús, que guiado por unos railes superiores sigue un trazado circular que conecta la estación con el casco antiguo. Siempre me he preguntado cómo sería conducir un trolebús para poder llevarlo en todo momento unido a los railes sin arrancar de cuajo el cable en un mal volantazo.

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La primera parada fue en lo alto de una de las colinas, a la que se accede a través de un tren cremallera construído integramente en madera. Desde allí se tiene una amplia panorámica de la ciudad y del puerto. Impresiona ver funcionar a pleno rendimiento las enormes grúas manipulando los containers como si fueran pequeñas cajas de zapatos. El proceso de carga y descarga de uno de estos buques puede tardar incluso un día entero. De hecho, cuando nos fuimos de allí seguía el mismo buque que habíamos visto por la mañana y que todavía no había zarpado.

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Una vez que comienzas a perderte por las sinuosas callejuelas de Valpa (así la llaman los autóctonos de manera cariñosa) comienzas a palpar el arte que se respira por doquier en esta ciudad.

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Es un lugar plagado de galerías de arte, donde muchos artistas tanto consagrados como noveles exponen sus obras. En una de ellas entramos y me llamó la atencion un enorme gato perfectamente tallado sobre la mesa. Al verlo no pude evitar acordarme de mi gato Tristán, y le dije al dueño si me lo podía llevar… menos mal que me dijo que no formaba parte de la exposición. Estaba tan a gusto que ni acariciándole la barbilla por debajo se inmutó…

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Valparaíso es uno de esos lugares donde te gustaría tener visión periférica 360º, cada esquina que queda a tus espaldas mientras caminas es una obra de arte a cual más impresionante.

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Caminas con la sensación de que, como decía aquel famoso locutor de Formula 1, si parpadeas te lo vas a perder. Cada rincón se ve reconvertido en un mural de colores tan vívidos que pareciera que sus protagonistas van a salirse de la pared en cualquier momento.

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Existen escaleras infinitas que seguramente conduzcan al Valparaíso si te atreves a seguirlas hasta el final..

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… y hasta algunas con un piano de cola en sus escalones por si te animas a tocar unas notas.

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Aquí se respira arte por los cuatro costados, lo mismo encuentras un grupo de batucada ensayando espontáneamente en mitad de una plaza que te encuentras con un museo de cielo abierto en sus calles.

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Es la ciudad perfecta para pasear sin rumbo y dejarte sorprender por cualquier tipo de expresión artística.

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No existe miedo a la hora de elegir los colores de la fachada en una casa por muy atrevidos que éstos sean, y no sé si los vecinos en este caso se pusieron o no de acuerdo pero les ha quedado una calle de postal. Los imagino volviendo a casa por las tardes después de trabajar y aparcando sus coches cada uno en su puerta con el color a juego.

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Tras pasar un día en esta ciudad finalmente conseguí entender que, al menos aquí en Valparaíso, una imagen sí vale más que millones de palabras.

La Tierra del Fin del Mundo

Aquí en Ushuaia todas las cosas son “las del fin del mundo”. El faro del fin del mundo, el tren del fin del mundo, la señal del fin del mundo y así… hasta el fin del mundo. 

No en vano está considerada la ciudad más austral del planeta, y de ahí viene su fama de lugar recóndito que tan bien han sabido aprovechar. 

Uno cuando mira detenidamente el mapa del sur de la Patagonia parece como si el lado izquierdo estuviera desmenuzándose a trocitos cayendo estrepitósamente sobre la Antártida…

Esta orografía hace muy complicadas las comunicaciones por tierra en esta zona, y lo que en otro lugar sería un cómodo viaje por carrereta aquí se convierte en una auténtica gymkana donde hace falta coger un bus, dos ferries y cruzar varias veces la frontera con el consiguiente tiempo de espera y los siempre farragosos papeleos.

Después de la odisea para llegar hasta aquí, el primer día hicimos un trekking hasta el glaciar Vinciguerra. En el trayecto pudimos vivir todas las estaciones en una, desde ir en manga corta asados de calor hasta tener que volvernos al poco de estar allí porque tiritábamos de frío mientras comíamos.

Se nota que es una zona donde el tiempo está loco de remate, y todo el trayecto se encuentra totalmente embarrado de manera habitual.

El plato fuerte llegó al día siguiente, por fin íbamos a cumplir nuestro sueño de pasear rodeados de pingüinos. Nos subimos a bordo del catamarán que nos llevaría a la isla donde se encuentran los pingüinos. De camino el capitan nos fue parando en varios islotes donde convivían diversos tipos de animales marinos. El sonido que emiten los leones marinos cuando están enfadados es de esos que impresionan y se quedan grabados al oirlo tan de cerca, realmente estruendoso.

Una vez atracado el catamarán en un muelle cercano del canal de Beagle, nos montamos en una pequeña lancha para poder llegar a la isla donde están los pingüinos sin invadirlos demasiado. Una vez abajo de la barca comenzamos a andar sigilosos por la playa entre ellos, tratando de no estresar a ninguno  con nuestras ansias de acercarnos demasiado.

La guía nos indicó que el momento cuando ellos se alejan es porque comienzan a sentirse invadidos, pero algunos de ellos se notaban muy acostumbrados a estar con personas tan cerca porque ni se inmutaban cuando les hacías un posado robado con la cámara. Son muy graciosos y con sus continuos espasmos cervicales nunca sabes en qué momento exacto hacerles la foto para que salgan guapos.

Tuvimos mucha suerte porque en ese día en la isla había tres especies distintas de pingüinos como el imperial, el magallánico e incluso pudimos ver al enorme pingüino rey en la orilla como mirando al horizonte de manera meláncolica preguntándose por qué estaba allí entre tanto pingüinito…

Nos explicaron que acuden a esta isla a reproducirse, y pudimos ver hasta un pingüino con embarazo psicológico incubando una piedra fuera del resto del grupo… 

Ese día tambien visitamos el museo de especies marinas donde se encuentra la mayor colección de esqueletos de cetáceos del mundo. En el tour en inglés tuvimos la suerte de que nos llevaron a la caseta de los huesos, donde se produce el proceso de descomposición del animal una vez muerto hasta que se pudre y se pueden extraer los huesos. El olor ahí dentro era muy fuerte, e incluso tenían un pingüino fallecido recientemente en estado de descomposicion.

La salida de Tierra de Fuego fue muy difícil, en fechas navideñas los pocos buses que hay se encuentran colapsados y no hay pasajes libres en muchos días, lo que nos obligó a cambiar nuestra ruta de vuelta para llegar a tiempo a nuestro siguiente avión. Nos contaron que allí nadie se atreve a montar una empresa de autobuses, directamente quiebran una tras otra. No es sostenible para ellos que durante 11 meses al año los autobuses que conectan con Ushuaia con el resto de ciudades cercanas vayan prácticamente vacíos. 

Ya hemos tocado el fin del mundo, así que poco a poco vamos a ir empezando a volver a nuestras casas. Eso sí, nos lo tomaremos con mucha calma y aún tardaremos unos cuatro meses como poco. No nos esperéis para cenar. 

Y el Paine apareció

Había escuchado muchas veces hablar sobre la fiereza del viento patagónico, pero no es hasta que no te adentras en la verdadera patagonia cuando entiendes realmente el porqué. Enormes extensiones de estepa sacudidas continuamente por estos fuertes vientos que marcan la fisionomía de estos territorios. Es tal la intensidad que la vegetación no puede crecer en vertical, quedando en una posición casi horizontal paralela al suelo. Estos arboles que crecen con esta morfología son conocidos como árboles bandera y son realmente llamativos.

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Aquí no hacen falta las veletas, ya están los árboles casi petrificados indicando hacia donde soplará hoy el viento. Hay parajes totalmente devastados, llenos de árboles arrancados de cuajo y trozos de troncos repartidos por el suelo como si se tratara del campo de batalla de una guerra de árboles contra árboles.

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El viento aquí forma parte del día a día de la vida de las personas, y tanto es así que en Puerto Natales incluso hay un monumento dedicado a este fenómeno meteorológico. La verdad es que el artista no pudo ser más expresivo cuando lo creó…

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Una vez instalados en el hostel fuimos a preguntar por la disponibilidad para hacer el famoso trekking de las torres del Paine conocido como “circuito W” (el recorrido visto desde el aire recuerda a esta letra del alfabeto). Después de recorrernos todas las agencias, en una de ellas nos dijeron que estaba todo reservado desde hacia semanas y que sólo les quedaba en uno de los campamentos un sitio que le habían cancelado de última hora donde poder montar una tienda para tres personas. Cuando escuchamos esto nuestros ojos hicieron chiribitas y reservamos sin pensarlo. ¿El único problema?, quedaban apenas dos horas para la salida de nuestro autobús y no teníamos nada preparado, ni mochila, ni la tienda alquilada, ni comida… nada. Al ver que se nos comía el tiempo no nos quedó otra que dividirnos para multiplicarnos; uno fue a la estación a por el billete, otro hizo la comida, otro a alquilar la tienda y llegamos al bus casi cuando estaba cerrando la puerta con el motor en marcha para irse. Lo mejor fue cuando fuimos a alquilar la tienda de campaña. El chico que nos atendió nos dijo que teníamos que revisarla entera para comprobar que no tenía ningún daño, y estábamos nosotros con todo el tiempo del mundo como para revisiones… Con toda la prisa que teníamos y él explicándonos todo el proceso con la mayor parsimonia del mundo. Y lo mejor estaba por llegar, nos dijo que teníamos que demostrarle allí mismo que sabíamos empezar a montarla, y así él se aseguraba de que se la devolveríamos de una sola pieza porque según nos contaba mucha gente al no saber montarlas las agujerea. Imagínate a nosotros con toda la tienda extendida en el suelo  y mirándonos el uno al otro sin saber por dónde había que meter ni la primera varilla… le convencimos diciendo que la experta en montar tiendas era nuestra amiga y que no se preocupara y salimos pintando con la bolsa de la tienda a cuestas.

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Ya más tranquilos después de todo el estrés pasado por la mañana llegamos a la entrada del parque nacional. Hacer trekking en este parque nacional requiere de una logística previa importante, ademas de reservar con meses de antelación tienes 3 horas de bus hasta llegar a la entrada del parque donde otro bus te acerca  a un punto donde coges un catamarán que ya te acerca al inicio de la ruta, y eso has de hacerlo con tiempo para que no te den las mil porque en algunos senderos cierran a una hora concreta y te impiden el paso. La primera impresión del camping fue muy buena, con una disposición de tiendas muy original montadas sobre tablados de madera.

 

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En el pack que habíamos comprado teníamos la cena incluida, y llegamos con dos o tres horas de antelación para montar la tienda… ¿nos daría tiempo a llegar a cenar? Al volver a desembolsar la tienda nos enfrentamos con la cruda realidad, no sabíamos montarla. Nos habíamos malacostumbrado toda la vida a las tiendas del Decathlon que se montan solas en 2 segundos tirándolas al aire y esto para nosotros resultaba un complicado rompecabezas. Después de meter las varillas por todos los orificios posibles y reírnos lo que no está escrito, conseguimos al final que aquello fuera tomando poco a poco forma de tienda de campaña, ya teníamos sitio donde pasar la noche. Celebramos el haber conseguido montar la tienda como si hubiéramos marcado el gol decisivo en la final del mundial.

 

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Tras una noche intensa de lluvia con una humedad en el interior de la tienda que te hacia hasta tiritar, comenzamos el camino hasta la base de las Torres del Paine, desde donde se tienen las mejores vistas de la montaña emblema de este parque nacional. Volvimos a tener suerte con la meteorología porque para ese momento la lluvia ya había amainado, aunque seguía muy nublado y nos iba haciendo perder las esperanzas de poder ver algo.

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Al alcanzar el campo base las nubes fueron disipándose, y finalmente … el Paine apareció. Su tres majestuosas torres afiliadas de granito se empezaban a ver tímidamente en el horizonte dan forma a un paisaje de postal.

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Este circuito de montaña es famoso mundialmente y los refugios se convierten en un encuentro multicultural que hace muy amena y enriquecedera la estancia allí. En muchos lugares hay carteles en varios idiomas del mundo y en otros directamente hay señales tan claras que no hace falta ni utilizar ningún abecedario…

 

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El siguiente día lo aprovechamos para hacer un tour de día completo, pero saliéndonos un poco fuera de los estándares de las agencias de turismo. El chico del hostel nos habló de un hombre de confianza que podía llevarnos en su coche y pasar el día entero con nosotros recorriendo los puntos principales del parque. De esta manera podíamos disfrutar de cada lugar sin prisas y con la flexibilidad que nunca te puede dar un tour al uso…

Amaneció lloviendo tanto que parecía que iba a aparecer en algún momento el Arca de Noe, y en el desayuno casi pensábamos que tendríamos que cancelar la excursión. Pero aquí el tiempo es tan cambiante que desconcierta, y poco a poco a empezó a despejarse. Me recordó a una camiseta que vi una vez en Islandia que decía “si no te gusta el tiempo, sólo tienes que esperar cinco minutos”. Comenzamos el trayecto acercándonos al parque con las Torres totalmente tapadas por las nubes, suerte que el día anterior pudimos verlas porque con lo loco que esta aquí el tiempo es una auténtica lotería.

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Seguimos avanzando por dentro del parque conociendo lugares tan increíbles como el lago Pehoé, donde existe un hotel en el medio del lago con unas vistas del entorno y emplazamiento únicos.

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Vimos tambien pequeñas cascadas, y digo pequeñas porque después de Iguazú cualquier caída de agua nos parece como si alguien se hubiera dejado un grifo abierto y saliera un hilillo.

 

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Para la hora de la comida el día ya era espléndido, y encontramos un sitio al lado del lago con unas vistas al lago y a los cuernos del Paine donde poder comer y pasar una agradable sobremesa.

 

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Por si le faltaba incertidumbre al día, a la vuelta pinchamos en uno de los caminos de ripio (así llaman a los camino de grava). Nos pusimos a cambiarla y la boca de la llave comenzó a ceder de tal manera que era imposible desatornillarlos, nos acabábamos de quedar oficialmente tirados en mitad de la nada. Justo en ese momento, y como caído del cielo, se paró un coche justo detrás nuestro y el conductor nos dijo que tenía llave, inflador y cualquier cosa que nos hiciera falta.

 

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En un abrir y cerrar de ojos la rueda estaba cambiada, he visto paradas en boxes de Formula 1 que han tardado más que este señor… se sacudió un poco las manos, se volvió a subir en su coche como si nada y se fue. Nos quedamos tan boquiabiertos que no sabíamos como agradecerle el gran favor que nos acababa de hacer.

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Me llamó también la atención un paisaje que vi este día, y que bauticé como el paisaje de los indecisos. Para aquellos que ante unos días libres de vacaciones se hacen aquella pregunta típica de playa o montaña, aquí puedes tener todo en un solo golpe de vista. Eso sí, el agua un poco fresquita sí que estaba con los icebergs que se desprenden del glaciar…

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Por cierto, estamos totalmente enganchados a estas galletas de chocolate. Las conocimos en Perú y no hemos dejado de buscarlas desde entonces por todos los supermercados que vamos. Nos dijeron que cuando salieron aquí en sudamérica se terminó el stock durante varios meses… Por favor, que alguien venga a rescatarnos.

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El ensueño de El Chaltén

Íbamos todavía dormidos en el autobús cuando empezó a escucharse un suave murmullo que se iba haciendo poco a poco cada vez mayor… se notaba inquietud en el ambiente. Al fondo, en el horizonte, comenzaban a emerger las imponentes montañas de El Chaltén y todo el mundo se apresuraba revoloteando por el autobús para captar las primeras instantáneas desde la ventanilla. 

Uno cuando entra en esta pequeña localidad de El Chaltén siente que se detiene el tiempo, todo lo que alcanza la mirada a tu alrededor es un paisaje de ensueño. El nombre de Chaltén significa “montaña que humea” y esto es debido a las continuas nubes que flirtean con su cima casi a diario, como si se hubieran quedado prendadas de ella y no pudieran irse a otro lado. El pueblo se encuentra enclavado en un amplio valle bajo la atenta mirada del pico Fitz Roy, una cordillera montañosa que parece recortada a tijera y que adorna las vistas desde cualquier punto del valle.

El cartel de madera que da la bienvenida al lugar bien podría haber sido serrado y lijado in situ por un ebanista mirando la silueta real directamente en  el horizonte.

No había pasado ni un sólo día en el pueblo y ya nos sentíamos como en el patio de nuestra casa.

Tomando en cuenta las previsiones meteorológicas, esta vez decidimos hacer la caminata más espectacular el primer día. Resulta llamativo lo bien señalizado que está todo, las rutas todas comienzan y terminan desde el mismo pueblo y puedes hacerlas cómodamente en un día. También está permitido acampar libremente en los lugares habilitados para ello y existe la posibilidad de realizar varias rutas entrelazadas entre sí a modo de circuito. Es el auténtico paraíso de los amantes de la montaña, no en vano es conocida aquí como la capital nacional del trekking.

El comienzo del sendero está inmerso entre frondosa vegetación, atravesando ríos de agua cristalina y pequeñas cascadas a su paso. Después de rellenar de agua nuestras cantimploras en una de las paradas, estuve haciendo varias fotos y creo que ya tengo fondo de pantalla de ordenador para cuando vuelva a trabajar.

Si precioso era el camino, lo mejor aún estaba por llegar. Tras una empinada subida final de casi una hora con desniveles de hasta el 40% se alcanza la base de la montaña, donde se encuentra el Lago de las Tres (sí, yo también estoy todavía esperando a que terminen la frase… ¡las tres qué!). 

Las vistas desde allí son de las que te dejan sin aliento, el blanco deslumbrante de la nieve acumulada en las bases de la montaña le da un toque idílico. Si al mejor creativo de Pixar le encargaran que diseñara por ordenador la montaña de sus sueños estoy convencido de que el resultado sería algo muy parecido al Fitz Roy, un paisaje de auténtico ensueño.

Desde la pequeña colina se puede divisar también la Laguna Sucia, un tremendo remanso de agua de color intenso azul turquesa alimentado por las nieves perpetuas de la ladera. La laguna y el cielo se pasan el día entero peleándose por ver quién es más azul. 

Comencé mi camino de retorno montaña abajo pensando si aquello que acababa de ver no sería un gigante holograma proyectado en el cielo, era demasiado bonito como para ser real. Sin ir mas lejos, esta montaña es considerada por muchos alpinistas como una de las más bellas del mundo. Para mi sin duda es la montaña más espectacular que he visto en toda mi vida.

Otro de los días hicimos el trekking hasta la Laguna Torre, unos 11km de recorrido que finalizan en una laguna donde se acumulan icebergs los cuales se desprenden de la lengua del glaciar que desemboca en ella. Incluso los pequeños trozos de hielo que llegan a la orilla tienen forma de sonrisa.

A su lado el Cerro Torre, una de las montañas mas bellas y singulares del mundo. Es un desafío mítico para los alpinistas, y en la opinión de muchos de ellos, la montaña más difícil de escalar del planeta. La historia de sus ascensiones han marcado un antes y un después en la historia del alpinismo, donde la lucha entre hombre y montaña se ha llevado a cabo buscando siempre los límites entre la capacidad técnica y la audacia. Su extrema dificultad radica en su aguja granitica de la cima con forma afilada y paredes prácticamente verticales.

Una vez allí bordeamos toda la laguna hasta llegar al mirador Maestri, desde donde se puede apreciar una perspectiva inmejorable de la lengua del glaciar como si ésta estuviera jugando a deslizarse por un enorme tobogán blanco.

Nos hemos despertado aquí el último día como si todo esto hubiera sido parte de un sueño del que no quieres todavía despertar. Nos vamos de El Chaltén con la certeza de que algún día de nuestras vidas retornaremos a este lugar tan increíble, y con la seguridad de que volveremos a quedarnos impactados de nuevo por una de las montañas más bellas del mundo. 

Perito Moreno

El Calafate es una población de la patagonia argentina totalmente enfocada al turismo que ha quintuplicado su número de habitantes en apenas unos años desde la construcción de su nuevo aeropuerto. Turistas venidos de todo el mundo se acercan hasta aquí para conocer una de las maravillas naturales de todo el continente americano, el Perito Moreno.

Este glaciar debe su nombre a Francisco Pascasio Moreno, un naturalista que realizó labores muy importantes por la conservación de los parques nacionales en la Argentina, así como la negociación en los conflictos limítrofes con el país vecino Chile. Como curiosidades nos contaron que este señor nunca llegó a conocer el glaciar (aunque en una de sus expediciones paso a sólo unos metros sin saberlo) y su oficio era el de perito de fronteras, de ahí el nombre del glaciar.

Se trata de una lengua de glaciar de más de 30km de longitud y unos 5km de ancha. A mi me impresionó muchísimo verlo tan de cerca; no se por qué pero me lo imaginaba más pequeño, y eso que dicen que la tele engorda. Las paredes verticales que están enfrente del mirador pueden llegan a medir hasta 90 metros de altura, eso sería como un edificio de 30 pisos. El silencio y la quietud de aquel lugar sólo es interrumpida por el enorme crujido de bloques de hielo que vez en cuando se oyen desde la lejania. Es tal la extensión de hielo ante tus ojos que es imposible adivinar de qué punto viene el sonido.

Es uno de los pocos glaciares del mundo que no está menguando sus dimensiones a causa del cambio climático y la longitud de su lengua se ha mantenido estable a lo largo de los años. El motivo aún es una incógnita y sigue en debate por los glaciólogos.

Ya que estábamos por aquí tiramos la casa por la ventana y decidimos apuntarnos a la excursión Big Ice, más de cuatro horas caminando por encima del glaciar sorteando grietas y enormes tempanos de hielo hasta llegar a su zona central desde donde puedes realmente contemplar toda su inmesidad.

Nunca antes habia caminado con crampones y los primeros pasos es una sensacion muy extraña, como si fueras andando con plataformas. Una construccion muy rudimentaria, de varias tiras de hierro soldadas entre si y una cinta que se ata al tobillo. Lo primero que impresiona es la estabilidad que puede llegar a dar un trozo de metal de esas caracteristicas. Una vez alistados (así es como llaman aquí a estar preparados) nos adentramos en el glaciar en fila india siguiendo las instrucciones de nuestros guías.

En las primeras bajadas tienes el reflejo involuntario de abrir las palmas de las manos hacia atras dando casi por hecho que te vas resbalar y caer de culo. No es que no te resbales, es que no te puedes caer ni aunque lo intentes. Toda tu vida habiendo pensado que el hielo resbala y era como tener superpoderes el hecho de ir caminando por el hielo como si nada.

Todo el rato los guias nos insistían en el tema de la seguridad para que no nos saliéramos de sus pasos. Esta enorme masa de hielo esta en constante movimiento, a razón de un par de metros por día, y en cada momento los guias tienen que decidir el camino más seguro para avanzar. El trazado que sigues hoy quiza mañana haya avanzado unos metros o esté derretido y no exista.

El color azul del agua que se ve en sus cavidades creo que es el más intenso que he visto jamas, supongo que de aquí se inspiraron los pitufos para dar color a su piel. El agua aquí es tan transparente que se produce un efecto óptico de manera que mirado justo desde arriba cuesta distinguir donde comienza la superficie de agua.

Tambien nos llamaron la atención unos pequeños agujeritos circulares que se formaban en el hielo. Nos explicaron que el viento arrastra en ocasiones pequeñas partículas de tierra a la superficie del glaciar. Al ser más oscuras que su entorno, los rayos de sol inciden con mayor fuerza en esas zonas derritiendo el hielo que hay a su alrededor creando estas cavidades.

Cada varios años se produce un fenómeno único en el mundo, y es la rotura del puente o hundimiento general como lo llaman aquí. Es tal la cantidad de hielo que se genera continuamente desde el campo de hielo en el nacimiento del glaciar que una parte del extremo final de la lengua ya toca tierra firme, de modo que forma un dique natural entre dos lagunas. La corriente de agua entre ambas va abriéndose paso poco a poco y perforando el hielo hasta que forma un puente. Al acumular tanto peso en la parte superior llega un momento en el que cede y todo se desmorona provocando un estruendo enorme. Este fenómeno se produce cada 3 o 4 años y atrae a numerosos curiosos y televisiones de todo el mundo, que graban sin cesar las 24 horas para captar el momento exacto del colapso. Saber la hora del día (o de la madrugada… ) exacta en el que se hundirá es impredecible, así que es una maravilla al alcance de unos pocos afortunados. Si vas a visitar a esta zona y lo ves, debes acudir directamente a una administración de loterías y comprar un boleto de euromillones porque ese día estas de suerte.

No tanta suerte, pero sí bastante, tuvimos al cruzarnos con el único ser vivo que habita en el glaciar, el andiperla willinki. Un pequeño insecto capaz de sobrevivir en estas condiciones inhóspitas a base de alimentarse de pequeñas bacterias. Eso sí, con la tranquilidad de que no le va a molestar nadie.

Allí en El Calafate también he podido probar por primera vez el cordero patagónico, un manjar preparado al calor de las brasas en una estructura metálica donde trinchan el cordero entero para que se vaya haciendo lentamente.

A la vuelta en el barco nos ofrecieron un whisky on the rocks que pudimos disfrutar en cubierta mientras nos ibamos alejando del perito, ¡a ver si adivinas de dónde sacamos los cubitos de hielo!

Mi Buenos Aires querido

Me habían comentado que Buenos Aires recuerda en muchas cosas a Madrid, y es algo que cuesta creer hasta que pasas unos días en la capital argentina y compruebas que realmente es verdad. Tardamos como hora y media de atasco para entrar en la ciudad hasta llegar a la estación de omnibus, la primera en la frente…

Una de las formas más interesantes de empezar a conocer una ciudad es a través de tours gratuitos a pie, y allá que nos fuimos. Con un calor infernal comenzamos a caminar por las calles de la ciudad, conociendo su historia así como los personajes más relevantes que la habían convertido en lo que es hoy. 

Una vez que comienzas a patear la ciudad es cuando empiezas a ver los parecidos, creí ver ante mis ojos el Paseo de la Castellana cruzando la avenida principal de la ciudad, y al girar una de las calles y levantar la cabeza pensé que estaba ante el edificio que hay en Gran Vía, sólo le faltaba el letrero de Schweppes… Hay incluso paradas de subte que tienen los mismos nombres, pero si algun día viajando en metro en Buenos Aires crees estar en un vagón del metro de Madrid no es una imaginación, hace unos años parte de la catenaria de la linea 6 madrileña fue reutilizada aquí. Una vez que has vivido ambas ciudades es cuando realmente percibes todas estas similitudes, incluso vives sensaciones que te resultan familiares pero que no se pueden explicar con palabras.

Tuvimos la ocasión de conocer los mejores sitios donde poder degustar platos típicos de allí como el mondongo, algo que sólo por el nombre nunca hubiéramos pedido. Menos mal que ibamos con una chica bonaerense que habíamos conocido semanas atrás en el viaje y nos lo aconsejó porque estaba requetebueno.

Otra de las cosas que se me quedarán grabadas también de mi paso por esta ciudad fue el espectáculo Fuerza Bruta, más de ochenta minutos de energía desmedida que te hacen vibrar como ningún otro espectáculo en el mundo. Es tan original y tan indescriptible que no sabría compararlo a nada de lo que haya visto antes, y lo mejor de todo es ir sin saber ni siquiera de qué iba (como hicimos nosotros). Es cuestión de confiar en quien te lo aconseja, ponerte una venda imaginaria en los ojos y comprar la entrada sin pensarlo. De hecho no voy a poner ninguna foto del espectáculo para que, si confias en mí, vayas a verlo. 

La siguiente tarde la dedicamos a dar un paseo por la renovada zona de Puerto Madero, donde pudimos ver también la inconfundible huella del arquitecto Santiago Calatrava en uno de sus puentes. También nos dimos por allí un homenaje en forma de parrilada de carne argentina, qué cosa más sabrosa. 

Un restaurante de tenedor libre donde puedes comer toda la carne que quisieras, además de un litro de bebida por persona… cuando llegó la hora de pedir el postre no sabíamos donde escondernos.

Pudimos disfrutar de un domingo lleno de vida recorriendo las calles del barrio de Boca, un lugar que ha sabido mantener su autenticidad y encanto especial a lo largo del tiempo. Se respira tango en cada paso y sus calles están salpicadas con casas coloridas llenas de monigotes en los balcones parecidos a los ninots que ponen en las fallas.

Además ese día jugaba Boca Juniors como local y vivimos el ambiente previo al partido en los aledaños del estadio. Aquí el fútbol se vive de una manera muy pasional, y muchas horas antes del choque ya se respira emoción en cada rincón. La policía se encarga de vallar el perimetro del estadio desde dos manzanas antes de llegar, y en esa zona sólo pueden acceder aficionados con entrada. 


Sentí que el espíritu de Diego Maradona sigue más vivo que nunca, y tuve una gran emoción al pensar que tras esa enorme pared se habían vivido muchos de los mejores momentos de la mejor zurda de la historia que tantas veces he visto repetidos por televisión.

Ese mismo día también pudimos perdernos por el mercadillo de San Telmo, que siguiendo con las analogías me recordaba al rastro madrileño. Allí puedes encontrar artículos de todo tipo tanto originales como de segunda mano y es una calle tan larga que se pierde de vista el final entre la marea de gente. Incluso me pareció ver a Berto Romero en uno de los tenderetes.

La última noche que pasamos en la ciudad porteña la dedicamos a aprender a bailar tango y milonga. Para ello fuimos a una sala de baile donde ofrecen clases para todos los niveles, desde las personas que nunca han bailado hasta aquellos que buscan perfeccionar su técnica. Justo enfrente de la puerta del local hay un pequeño croquis en la acera de cómo empezar, y es inevitable ponerte a bailar allí mismo de manera casi espontánea.


Siempre recordaré que esos primeros ocho pasos de tango los aprendí de la mano de la chica más relinda de Buenos Aires… mi Buenos Aires querido

Cataratas de Iguazú

Las cataratas de Iguazú son uno de esos lugares del mundo que no dejan a nadie indiferente. Puedes haber visto cientos de fotos desde cualquier ángulo, documentales, peliculas, haber leido sobre ellas… y cuando ves aquel espectaculo en directo te quedas con la boca abierta igualmente.

Dias atras nos habian hablado sobre las dos posibles visitas, una del lado argentino y otra del lado brasileño. Todo el mundo parecia ponerse de acuerdo en que el mejor lado era el argentino, y que si tuvieramos solo un dia para verlas el otro lado podriamos prescindir de el sin problemas. Nuestra idea entonces fue organizarnos los dias de manera que dejaramos lo mas bonito para el final. 

El primer dia cruzamos la frontera brasileña para pasar al otro lado del rio Iguazu. Yo sinceramente de aquel dia esperaba poco. Al haber escuchado a tanta gente hablar sobre este lado en ese sentido,  pensaba que se verian practicamente de refilon y de lejos. Nada mas lejos de la realidad, al poco de comenzar la ruta primer impacto visual, una panoramica de uno de los lados de las cataratas. Llama la atencion el intenso verde de la selva mezclado con el blanco de las cataratas abriendose paso a su traves. 

Quede tan impresionado con el lado brasileño que pensé que era imposible que el dia siguiente me gustara todavia mas. Se me paso por la cabeza tambien si es que no me habria enterado bien en todo lo que habia escuchado y el lado bueno era este, pero al dia siguiente entendi por qué el lado argentino pone a todo el mundo de acuerdo (incluido a los brasileños). Conforme bajas por el recorrido te vas acercando mas a las cascadas, y poco a poco vas escuchando el enorme estruendo del agua cayendo a tu lado. 
La parte final del recorrido es una pasarela que te lleva justo enfrente de una de las cascadas mas grandes. Es tal la cantidad de agua que salpica que cuando estas alli abajo es como si estuviera cayendo un aguacero, cuando unos metros antes estabas disfrutando de un dia radiante de sol. Resulta casi imposible hacer una foto porque el objetivo no te dura seco ni un segundo.

Tambien hicimos la excursion en gomón (aqui se llama asi a la lancha) para meternos justo debajo de la cascada. Al subir te dan una bolsa estanca donde poder guardar todas tus pertenencias, y te avisan de que te mojas completamente. Pense que metiendo los pies debajo del asiento delantero me mojaria poco las zapatillas, me puse doble chubasquero, y aun asi dio todo igual. Sali como si me hubiera caido vestido dentro de una piscina, empapado hasta los huesos. 

Al dia siguiente nos esperaba el colofon final, y volvimos a organizarlo en modo in crescendo segun nos habian aconsejado. Primero el paseo superior, luego el inferior y por ultimo la garganta del diablo, que es la central y la de mayor caudal.

Quedaba la traca final, una pasarela de mas de 1km sobre el rio Iguazu hasta llegar al mismo borde de la garganta del diablo. Cuando me asomé al balconcillo y vi aquello ante mis ojos varios escalofrios recorrieron mi cuello, pude sentir la inmensidad de la caida de agua a solo unos metros de distancia y llega incluso a asustar el estruendo tan enorme que produce al caer.

Por primera vez en mi vida tuve el sindrome de incontinencia fotografica, un extraño espasmo en el dedo indice de la mano derecha que me impedia parar de hacer fotos cada vez que miraba las cataratas. Incluso aunque fueran repetidas y con el mismo encuadre, daba igual, son tan fotogenicas… Ese dia gaste la bateria del movil y de la camara, y aun asi es imposible inmortalizar tanta belleza. Creo que son indescriptibles las mires desde el lado que las mires, incluso si las miraras con un telescopio desde la luna. 

Me gustó mucho como nos definió una chica argentina ambos lados de las cataratas unos dias antes de llegar a Iguazu. Nos dijo que el brasileño es el lado panoramico y el argentino es el lado interactivo, y despues de haber visto ambos no se me hubiera ocurrido una mejor manera de definirlo…

Cafayate, tan lindo que enamora

​​En realidad es el eslogan de la capital salteña, pero la belleza se ha contagiado a través de una gran onda expansiva por toda la provincia hasta llegar a esta pequeña localidad muchos kilómetros al sur. Cafayate es uno de esos lugares tocados por la varita mágica de la naturaleza, con una diversidad de paisajes que verdaderamente impresiona. Un día puedes estar en el desierto más arido y al día siguiente bañarte debajo de una enorme cascada de agua congelada. El pueblo se encuentra enclavado en mitad de un valle rodeado de interminables viñedos donde se producen caldos de reconocido prestigio mundial.


La primera visita que hicimos fue a una fabrica de quesos de la zona para conocer la elaboración de este producto local con denominacion de origen. Allí pudimos conocer todo el proceso, desde la cría de las cabras pasando por el lugar donde las ordeñan así como la elaboración y envasado del producto final. Cuando terminamos la visita pudimos degustar diversos sabores, y tan buenos estaban que me intenté comer hasta los que sujetaban los palillos con los nombres (la chica se empezo a reir y me dijo que esos no se comían).


Pudimos ver lo bien que cuidan allí a las cabras, por lo visto cuando estan estresadas les ponen hasta musica clasica para que se relajen y puedan ordeñarlas con mas facilidad. Eran muy simpaticas, y todo el rato intentaban chuparte la cara cuando te acercabas a saludarlas al corralillo.


Por su parte, la llama con esa media sonrisa que tiene no sabes si te esta dando la mejor de las bienvenidas o si está a punto de escupirte.
Tambien tuvimos la ocasion de conocer a la oveja del anuncio de Norit, que estaba allí con sus hermanas esperando a ser llamada para rodar el proximo anuncio de suavizantes.

Al día siguiente hicimos una excursión para conocer la Quebrada de las Conchas, una enorme extension de terreno desertico con formaciones rocosas de lo mas variopintas. 


Pudimos adentrarnos en El Anfiteatro, una formación natural a modo de recinto semicerrado con una acustica sorprendente. Puedes murmurarle algo al oido a una persona y que te escuchen desde el otro lado, definitivamente no es el sitio más indicado para contarle un secreto a alguien. Es el lugar elegido por algunos musicos para dar a conocer su faceta artistica y dar la bienvenida a los turistas al lugar con melodías que parecen quedar atrapadas entre sus estrechas paredes. Incluso nos contaron que a veces se celebran conciertos de musica clasica en aquel lugar, debe de ser magico vivir un concierto alli.


Otra de las formaciones rocosas que impresiona por su majestuosidad son los Castillos de Cafayate, con paredes verticales formadas a lo largo de los miles de años por la erosion.


Por haber variedad de paisajes y formaciones rocosas hay hasta una roca enorme con forma de sapo. Ha adoptado una posicion como si estuviera esperando ser besado para convertirse en príncipe, y ahí está el pobre esperando ese momento años y años…

El ultimo dia, cómo no, tocaba bañito al aire libre para desentumecer los músculos. Si el agua muy fría es buena para circulación ese día ganamos un par de años extras de vida, porque estaba tan fría que dolía como si te clavaran pequeños cuchillos en la piel. Eso si, una vez aclimatado te sentías tan a gusto y tan lleno de energia que no querías salirte del agua.


En el albergue donde nos quedamos una de las noches pudimos participar de nuestra primera parrillada de carne argentina, y hay que reconocer que la fama que tienen por buena carne es más que merecida. Aqui ademas son expertos en esto, y tienen el fuego controlado para dejar la carne en su punto exacto. Estaba para chuparse los dedos, con su chimichurri y todo.

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